La historiadora Jill Lepore, profesora de Harvard y ganadora del Premio Pulitzer por su historia de la Constitución estadounidense, ha advertido que las grandes tecnológicas están reemplazando progresivamente las funciones del gobierno democrático, según declaró en una entrevista con el podcast Equity de TechCrunch.
En su próximo libro The Rise and Fall of the Artificial State (El auge y caída del Estado artificial), Lepore argumenta que este desplazamiento marca «un regreso a la tiranía y la mistificación en forma de gobierno por algoritmos, corporaciones y máquinas». La autora sitúa el origen de esta transformación no en una conspiración deliberada, sino en una serie de decisiones tomadas con buena intención —eficiencia, velocidad, reducción de costes— que solo en los últimos 20 a 25 años se han convertido en una «usurpación deliberada del papel del Estado-nación».
De la publicidad a la fantasía política
Lepore rastrea el discurso moderno de la «tecnología como liberación» hasta el anuncio del Macintosh de Apple emitido durante la Super Bowl de 1984, que presentaba los ordenadores personales como el antídoto al totalitarismo representado por los mainframes de IBM. «Era publicidad ingeniosa. Dudo que nadie en Apple creyera realmente que el ordenador personal sería un instrumento de liberación personal», señala la historiadora. Sin embargo, cuatro décadas después, ese mensaje publicitario se ha transformado en una «fantasía delirante» en boca de líderes como ejecutivos de la industria tecnológica y Sam Altman, CEO de OpenAI, quien recientemente sugirió que un presidente de inteligencia artificial sería «una gran idea».
La autora también apunta a ejemplos recientes que ilustran esta deriva: la creación por parte de Facebook de un «Tribunal Supremo» para su plataforma en respuesta a críticas tras las elecciones de 2016, o la contratación por Anthropic de un filósofo moral para redactar una «constitución» para su IA. «Estos ejemplos pueden parecer tontos en cierto modo. Pero muestran cómo estas corporaciones, estas empresas tecnológicas de Silicon Valley, y especialmente sus líderes carismáticos o no tan carismáticos, están asumiendo simplemente los ropajes del Estado-nación y las funciones de la democracia», afirma Lepore.
El caso Twitter: de red social a distorsión política
Lepore analiza cómo Twitter pasó de ser una «broma» («Hoy hice un bocadillo de atún, ¿tú qué comiste?») a autoproclamarse plaza pública digital. Según la historiadora, fueron los políticos quienes convencieron a la plataforma de que funcionaba como un «ayuntamiento», concepto que califica de «disparatado». Cuando Twitter publicó su Politics and Elections Handbook en 2012, presentándose como una «asamblea de pueblo en tu bolsillo», solo uno de cada cinco estadounidenses tenía cuenta, la mayoría nunca la había usado, y más del 90% de los tuits políticos procedían de menos del 10% de usuarios activos. «Twitter era una representación de los estadounidenses más extremos, políticamente activos e hiperpartidistas», concluye.
Ciencia ficción como profecía ignorada
La segunda mitad del libro de Lepore traza lo que denomina «la parábola del Estado artificial» en la literatura de ciencia ficción, desde la década de 1850 hasta hoy. Relatos como The Machine Stops de E. M. Forster (1909) o Terminator advierten sobre sociedades donde las máquinas gobiernan y eventualmente esclavizan o eliminan a los humanos. La historiadora sostiene que muchos líderes de Silicon Valley, especialmente Elon Musk, están «conduciendo hacia un futuro sacado de una ciencia ficción pulp y cómics mal leídos». Paradójicamente, añade, «lo gracioso de Musk es que las cosas que le gustan en realidad contradicen completamente todas sus creencias políticas».
Lepore insiste en que no es «anti-tecnología» —está casada con un científico informático— sino que critica la transferencia de funciones estatales a corporaciones privadas sin consentimiento democrático. «Nadie consintió esto. Ha sido una transformación gradual, en gran medida accidental, de cómo funcionan muchos Estados-nación del mundo, y ha ocurrido primero en Estados Unidos», afirma. La autora llama a recuperar nociones de progreso más allá del cambio tecnológico, incluyendo el progreso moral y la expansión de libertades, conceptos que dominaban antes de que la visión del siglo XIX equiparara evolución darwiniana con innovación técnica como única forma de avance.
